Andrés Trapiello: “Todos los juegos están ya en Cervantes. Yo sólo me he divertido con ellos”

El escritor expande una vez más el universo de Don Quijote en El final de Sancho Panza y otras suertes

Andrés Trapiello. Foto: Miriam Moreno

Andrés Trapiello. Foto: Miriam Moreno

Resulta que el innominado borrico de Sancho Panza sí tiene nombre: Almanzor. ¿Por qué no lo bautizó Cervantes? Probablemente, se barrunta el buen escudero, porque su primer autor, Cide Hamete, era moro, y no era menester molestar a la morería dando a un burro el nombre de uno de sus grandes caudillos. A lomos de Almanzor deja Sancho la aldea de Don Quijote tras su muerte acompañado del bachiller Sansón Carrasco, a caballo de un Rocinante cada vez más consumido, su mujer Antonia Melgar, sobrina de don Quijote y en cinta, y Quiteria Romero, ama del Caballero de la Triste Figura. En la aldea las cosas no van bien, envidian su fama y el grupo decide abandonarla. ¿Su destino? Las Indias.

Arranca así El final de Sancho Panza y otras suertes (Destino, 2014), novela en la que Andrés Trapiello (Manzaneda de Torío, León, 1953) acelera la expansión del universo cervantino que ya se atrevió a continuar hace una década en Al morir don Quijote (2004). Entonces fijó sus cuatro personajes, dio nombre a quien no lo tenía e iluminó unas existencias ensombrecidas por la fama del hidalgo caballero. Ahora toca que el cuarteto se lance a la aventura en cervantina peripecia. Ahora la ambición y la imaginación de Trapiello compiten a toda velocidad y multiplican el juego de espejos entre la ficción y la realidad dando entrada, salida, vuelta y vuelta y media a los personajes e historias de Cervantes con torrencial intensidad. Hasta el punto de que cuando el periodista llega a casa de Trapiello, empapado por la lluvia fría que emborrona esa mañana los perfiles de Madrid, teme encontrarse al escritor con la lanza recién hurtada al astillero, el seso sorbido por tanto leído y a punto de lanzarse a la aventura. Pero lo recibe un hombre sosegado y sonriente tan sólo algo inquieto por conocer su opinión de la novela. Y la conversación entra rápidamente en calor. […]

(From El Cultural, Daniel Arjona, 12.11.2014)

 

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