Su satánica majestad

Stephen King, el escritor de terror por antonomasia, se pasa al género de la novela negra con su último libro ‘Mr. Mercedes’.

14182053721061Sigue siendo el Rey. El puñetero ‘king’ de lo letrero. Rey de reyes. King of kings. Y por eso nos sumamos a la petición que Santiago Roncagliolo elevó hace poco a las autoridades suecas. Que sí. Que ya va siendo horas, señoritingas y señoritingos amigos y residentes en Estocolmo, que empezamos a estar hartos de ver el careto de pena que se le queda cada año al bueno de Murakami y por eso es obligado que, en una de estas, aunque sólo sea por joder un poco, le concedan el premiaco mayor de las letras mundiales a Stephen King.

Aunque sólo sea por la cantidad de lectores que el tipo ha traído al mundo. Aunque tengan que repartirlo entre él y esa caterva de ‘negros’ que, al parecer, y según las malas lenguas, tiene currelando a jornada chinesca en lo más profundo de su trastero.

Aunque sólo sea por llevar la contraria un poco.

King. Stephen King. Se harta Stephen King de soltar sustos al personal, en esa especie de Halloween ininterrumpido donde vive (y, o, escribe) y se pasa al ‘noir’ para dejar claro que los suyos, ya puestos, pueden ser ‘thrillers’ de lo más apañaditos. Ya puestos, habrá pensado el prolífico juntaletras nacido en Portland, Maine, EE.UU., hace la friolera de 67 años. ¿Por qué no cambiar de género? “¡Joder, si para contar algo mucho mejor que esos suecos del diablo me basto y me sobro!”. Y tanto que se ha sobrado, el Rey.

Que ya quisieran muchos listillos facturar una novela ‘negropolicial’ como este ‘Mr. Mercedes’ que hoy nos ocupa y que ha publicado, de lo más correctamente, la gente de Plaza & Janés. ¡Y atención, listillos, antes de empezar a escuchar quejas quiero que quede muy claro que, lo que es para esta doña, señora bastante curtida en el género, lo que hace King en Terror son ‘best-sellers’ de culto, que no de (o para) incultos, esos que tanto se llevan ahora!

14182866058284El género ‘King’

Empieza bien, el viejo King, recordando a James M. Cain antes de arrancar lo suyo. “Hacia el mediodía me arrojaron del camión de heno…”. Ahí queda ese comienzo de novela, la de Cain, la de su novelaza ‘El cartero siempre llama dos veces’, que King se encarga de recordarnos antes de meterse en harina con lo suyo. Vale que King no es Cain. Pero, ¿qué coño? King no necesita ser Cain para facturar, con eficacia al cien por cien y un chorrazo de decencia, una novela negra que se lee de un tirón y cuya historia (¡lo cual se agradece!) trata de no pisar campos de patatas mil y una veces trillados.

Stephen King escribe buena novela negra. Lo cual no debería sorprender a nadie, puesto que eso, en realidad, es lo que lleva haciendo desde siempre. Convirtiendo los géneros en un único género denominado ‘king’. Negro, verde, rojo, amarillo, naranja… El color da igual. Lo que está claro es que King, haga lo que haga, funciona.

Tampoco es que se salga mucho de lo que venía haciendo antes de este cambio de chaqueta letrera, la verdad. Aparece un ‘psychokiller’, cosa que en el maestro del terror viene a ser como decir que en las novelas de Javier Cercas el protagonista es un señor con bigote y DNI. Y al psicópata de King, un tal Brady Hartsfield, le encantan los coches alemanes, al parecer. Por eso atropella al personal al volante de un mercedes. Y hay un pasma retirado, un tal Bill Hodges, que se ve obligado a dejar a un lado el traje de jubilata para lanzarse de nuevo al cuello de este loco del volante. Y la novela está plagada de guiños a la vastísima obra de King, y a las teleseries más molonas del otro lado del charco, y a la maldita crisis que nos aprieta a todos el gaznate, y a un montón de detalles repletos de actualidad palpitante que hacen que la novela se lea de un tirón (¡para eso es un ‘crack’, el bueno de King!). […]

(From El Mundo, Marga Nelken, 11.12.2014)

 

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